domingo, 21 de septiembre de 2008

Casa de citas, 2: Los dones de la muerte


“Dirigí una última mirada a Dión, sonriente entre sus amigos, y me vino a la cabeza la historia del viejo vencedor olímpico que vio coronados a sus dos hijos en un mismo año de Juegos. ‘¡Muérete ahora!’, le gritaba la gente, queriendo decir con ello que ningún otro momento de su vida podría igualar a aquél. Desde el umbral de la puerta, aunque ya me había despedido, volví la cabeza para echar una última mirada a su rostro severo y feliz. Y desde el fondo de mi ser, una voz que no pude acallar dijo en silencio: ‘¡Muérete ahora, Dión! ¡Muere!’ ”.

Mary Renault, La máscara de Apolo. Traducción de Hernán Sabaté. Barcelona, Círculo de Lectores, 1996, pp. 396-397.



“Había una vez una ciudad —parece que se alude a Siena— cuyos moradores disfrutaban de un caudillo que los había librado del yugo enemigo; a diario deliberaban sobre el modo de recompensarle y no hallaban recompensa que estuviera en sus manos y fuera lo suficientemente grande. Ni siquiera les parecía bastante nombrarle soberano. Un día, por fin, se levantó uno y propuso lo siguiente: ‘Lo mejor sería matarle y venerarle como santo patrono de la ciudad’. Y así hicieron con él, poco más o menos lo que la ciudad de Roma con Rómulo”.

Jacob Burckhardt, La cultura del Renacimiento en Italia. Traducción de Jaime Ardal. Madrid, Sarpe, 1985, pp. 43-44.

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