viernes, 26 de junio de 2009

Fragmento de literatura futura


Por qué. Aunque la fecha de creación de este blog se remonta a un par de años atrás, sabéis que ha sido sólo muy recientemente, cosa de meses, cuando he empezado a alimentarlo con asiduidad. En realidad, yo recelaba de los blogs, y si me he decidido finalmente a subirme al AVE de la blogosfera ha sido únicamente por cuestiones de calado, digamos, publicitario. En efecto, un blog es un escaparate perfecto para un escritor que no puede o no quiere costearse una página personal, y este toma y daca continuo entre autor e internautas crea una agradable ficción de cercanía personal que conviene a la difusión (y venta) de sus libros. También he acabado por sucumbir al sospechar que más temprano que tarde la marea del siglo XXI me arrastraría en su vorágine: la televisión de plasma, el teléfono móvil, el ordenador portátil se contagian con una virulencia mucho más indiscutible que la gripe A y al cabo uno debe autoinocularse el virus de los tiempos si no quiere que lo condenen al trastero. Puesto que la gran mayoría de quienes pululan a mi alrededor, escritores o seglares, poseían ya su bitácora, me sentí obligado a abrir una. Y ese es el motivo de que me encuentre aquí ahora y de que vosotros, en vuestra infinita paciencia, sigáis escuchándome (si estáis ahí todavía).

Cuestión de fe. Al principio, recelaba del blog por mi incompetencia. No me sentía capacitado para llenar líneas y líneas sobre cualquier cuestión peregrina con la asiduidad con que uno se lava los dientes o remueve la cucharilla del café. Me faltaban temas: me creía incapaz de alumbrar diariamente un pensamiento ingenioso, igual que un almanaque (esa es la razón, entre otras, de que la periodicidad con que suelo incluir nuevas entradas sea meramente semanal). También desconfiaba del estilo. Es decir, pensaba que mi prosa resultaba demasiado elaborada y preciosista para un marco como este, que exige desnudez, velocidad, precisión, como una riña de cuchillos. De hecho, el blog me ha servido, entre otras cosas, para depurar un tanto mis frases al contacto directo con el teclado (mis textos literarios avant la lettre son el resultado de bolígrafo, papel y muchas horas de ensimismamiento y tachaduras). Ahora me encuentro aquí, en un aula vacía, volcando directamente mis pensamientos (que corren y se esfuman) sobre medio centenar de teclas que no sé si los recogen bien del todo. Siempre he creído que los bolígrafos son más sinceros, pero el progreso nos obliga a confiar en el silicio, ese elemento que conforma las tripas de los ordenadores pero que nunca se ve. Eso es la fe: la confianza en lo invisible.

Seis rasgos. Todos estos meses de experiencia me han enseñado que el blog constituye una especie de forma propia, emergente todavía, que quizá en el futuro pueda reconocerse como el primer género literario autóctono del tercer milenio. No, no es un dietario, ni un libro de apuntes, ni una tribuna periodística. En el número de junio de 2008 de la revista El libro andaluz, órgano de la Asociación de Editores Andaluces, José Luis Rodríguez del Corral lo vio certeramente: “Bloguear se ha convertido en una habilidad específica en la que cuentan la brevedad sintética, el estilo coloquial, la ilustración; a medio camino entre la columna periodística, el poema en prosa y el pequeño ensayo a lo Montaigne” (“Blog: la inmensa minoría”, pp. 24-25). Ampliando a Rodríguez del Corral, yo resumiría los rasgos identificadores del blog en la siguiente media docena: a) Brevedad (el post ha de ser forzosamente corto, ha de poder leerse de una sentada, antes de cerrar la ventana para pasar a ocuparse del correo privado o las obligaciones de la oficina; sí, ya sé que el Testigo Ocular debería aplicarse el cuento al respecto, pero me resigno a no ser dos veces bueno); b) Rapidez (el signo diacrítico del blog es, por excelencia, el punto y seguido. Las frases alambicadas, los períodos en forma de ese, se pierden en el vacío: ¿quién no salta de párrafo en las bitácoras al encontrarse con una sintaxis de cuatro renglones? La inmediatez exige un ritmo despiadado); c) Visibilidad (el blog combina elementos textuales con icónicos; ello se traduce en la necesidad de acompañar el texto con imágenes, sí, pero también en la de emplear una escritura llamativa, colorida, concreta, que retrate escenas sensibles y rehuya los conceptos); d) Subjetividad (lo que nos atrae del blog es la posibilidad de asomarnos al cráneo de otra persona para ver lo que sucede en su interior: se apreciarán opiniones particulares, pero también detalles de la vida cotidiana, recuerdos, señas de identidad); e) Actualidad (el blog respira, a diferencia del libro, que, como Platón denuncia, no responde si se le interpela. El blog cambia de hoy a mañana, el autor puede responder si le acusan, quien toca sus letras, como en el libro de Whitman, toca a un hombre); f) Erudición (real o fingida, culta o cursi, qué más da: uno siempre entra a un blog en busca de un dato, y se queda porque el ambiente sentimental o ideológico le agrada. Vivimos en la era de la cita, de la mención gratuita). Los dos blogs que considero punteros y de obligada visita cumplen a rajatabla todos o la mayoría de los anteriores preceptos: el de César Mallorquí (www.fraternidadbabel.blospot.com), que confieso sin rebozo haber plagiado en este mil veces, y Estatuas Verdes (estatuasverdes.blogspot.com), al que llegué por vías algo insólitas pero no por ello menos instructivas. El Testigo Ocular lucha diariamente por parecerse a ejemplares tan egregios. Gracias a ambos por estar ahí, detrás de la hache, las dos tes y la pe.

No es literatura. A mi modesto parecer, no tiene sentido publicar en papel lo que ya se llevó el hiperespacio. Una de las características del post es, según lo dicho, su caducidad; otra, su inmediatez; otra, su descuido: ninguna de ellas casan con el libro. No se puede escribir un blog como se redacta un diario o una columna (de ahí que, pese a quien pese, Félix de Azúa y otros que me callo no escriban blogs, sino páginas de periódico), y a la inversa, la literatura de sillón no es producto adecuado para el recipiente del blog. Quizá en el futuro el famoso Kindle resuelva esta dicotomía, pero hasta el momento ambos componen bandos irreconciliables. Quien escribe su blog con la esperanza de verlo alguna vez en la librería, en realidad simplemente escribe un libro aplazado: no ha entendido nada.